Aquí estamos, una cintura de tierra rodeada por dos mares, en un lugar que en verdad son muchos lugares: siempre heterogéneos, siempre en proceso, construyendo una genealogía que nos permita cohesionar. Centroamérica es enigmática.
Históricamente, en lo que respecta a las artes visuales, ha existido una voluntad fluctuante en articular un discurso centroamericano. La X Bienal Centroamericana (2016) curada por Tamara Díaz Bringas (Matanzas, Cuba, 1973 - Madrid, España, 2022) logró un hito al eliminar el formato de representación por pabellones nacionales que fue estándar en las ediciones anteriores y, a su vez, fue la última de estas bienales. Desde entonces, las propuestas regionales tomaron menos fuerza. En los últimos años hemos encontrado un nuevo aliento, sostenido por un tejido de red hispanohablante y manifestado en propuestas importantes como el Instituto Cáder de Arte Centroamericano (ICAC) del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía; y también en colaboraciones y alianzas que se están fortaleciendo entre agentes locales. De esto ha resultado el proyecto Abrir las ventanas y dejar que la lluvia entre, que tiene su primera instancia en el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá (MAC Panamá).
La exposición parte de un diagnóstico característico de nuestros tiempos: la sensación de que nos han quitado la capacidad de soñar, nombrada aquí como «imaginación utópica».
Este gesto de autodeterminación regional curado por Juan Canela (Sevilla, España, 1980) y Sofía Villena Araya (San José, Costa Rica, 1994) se concibe como una colaboración entre el MAC Panamá y el Museo de Arte y Diseño (MADC) en Costa Rica, dos instituciones que han operado bajo el lente regional y que en esta ocasión reactivan esa voluntad histórica, desplazando la mirada de grandes nombres individuales hacia las pedagogías, la práctica comunitaria y el trabajo colaborativo. El museo se propone como un espacio de experimentación donde coinciden diversas colectividades que abrazan la incertidumbre como respuesta a sus contextos de origen.Un grupo de colectividades regionales que la exposición denomina «semilla» fueron invitados a sostener conversaciones mediadas por las instituciones organizadoras y ha desarrollar nuevas comisiones para este proyecto: LL Proyectos (Honduras), Nuestra Colectiva (Panamá), Taller Nepantla (Nicaragua-México), La Revuelta (Guatemala) y REUNIÓN (Costa Rica). Además, se invitaron algunos proyectos puntuales: Memorias Maricas Transfronterizas del Río San Juan (Nicaragua-Costa Rica), Estudio Lenca (El Salvador/UK), satis.FACTORY (Costa Rica), En una papa (Panamá), Proyecto Parutz (Guatemala), Congo Rais (Panamá) y Waguafilms (Panamá).

Vista de la exposición Abrir las ventanas y dejar que la lluvia entre. Fotografía por Héctor Olaya. (c) MAC Panamá
La exposición parte de un diagnóstico característico de nuestros tiempos: la sensación de que nos han quitado la capacidad de soñar, nombrada aquí como «imaginación utópica». Varias de estas colectividades apuestan en sus formas de trabajo por la resignificación del archivo como una metodología para suavizar fronteras geopolíticas y complejizar discursos transnacionales. Por ejemplo, Memorias Maricas Transfronterizas del Río San Juan utiliza el río homónimo—frontera natural y en constante disputa entre Nicaragua y Costa Rica—, como una línea temporal de las luchas de las poblaciones sexualmente diversas. Desplegada anacrónicamente en la sala por medio de un archivo de producción artística de ambos países, otorga al espacio-museo un denso espesor político que contextualiza con nitidez las condiciones en las que se generó el proyecto. Entre ellas, La Cholla Jackson (San José, Costa Rica, 1989) con Oda a Ana Yanci (2023) homenaje a una mujer trans que fue una presencia emblemática del Carnaval y del equipo de fútbol de Puntarenas en Costa Rica. La cartela que acompaña la pieza señala que en el 2009 se funda TRANSVIDA, una organización costarricense de apoyo social gratuito para las mujeres transexuales. En la misma pared, el colectivo Operación Queer (Nicaragua, 2013) con Le Bistro (Memorias Cachonas #5) (2016), reclama con jolgorio las antiguas instalaciones de un histórico bar gay de Managua. Su cartela menciona que en 1968 fue el momento de apogeo de La Tortuga Morada, una discoteca emblemática de la contracultura gay en la vieja Managua. Por medio de este ejercicio estético, este proyecto conecta fronteras centroamericanas, apostando por la mediación entre artistas, colectivos y las memorias territoriales.

Vista de la exposición Abrir las ventanas y dejar que la lluvia entre. Fotografía por Héctor Olaya. (c) MAC Panamá
Sin embargo, a pesar de que estas fugas territoriales y de que la tesis curatorial sugiere la existencia de conversaciones cruzadas entre las colectividades semilla, esto no se materializa con total claridad en la exposición. En la sala, la museografía devuelve una lógica compartimentada: cada colectivo responde o habita desde un lugar asignado. Las colectividades semilla, en ocasiones, logran expandir sus diálogos propios invitando a otros a colaborar —como La Revuelta que invita a artistas centroamericanas a formar un archivo que documenta sus espacios de trabajo—, sin embargo, los diálogos no se contaminan en la sala. La mera yuxtaposición de voces no equivale a la construcción de un pensamiento colectivo.
Esta tensión se visibiliza en propuestas como Nuestra Colectiva, que presenta una suma de prácticas individuales de sus integrantes que abordan la crisis global, la sensación de un devenir cataclista —o quizás lo que signifique ya habitarlo—, y el desespero. Si bien su planteamiento captura la sensibilidad del clima de la época (la degradación ecosistémica, la búsqueda de sentido, las estéticas de la cultura de bienestar), la noción del «fin del mundo» corre el riesgo de quedarse en una abstracción contemplativa que no se ancla a fracturas materiales, políticas y sociales que respondan palpablemente a la realidad local.
Para algunos, la lluvia provoca un deseo poético de refugiarse o de dejarse empapar; para otros puede presentar la inminencia del desastre y el desborde. ¿Es entonces la lluvia algo que nos une o nos divide? Que no todos veamos y vivamos la lluvia de la misma manera dice mucho del estado actual de la región, del mundo y de la propia exposición.
En este momento germinal en el que se encuentran estas conversaciones regionales, se puede entender la dificultad de sostener un diálogo cruzado de esta magnitud; pero también resulta —en nuestro contexto contemporáneo— complejo ensayar formas politizadas de imaginarse en el otro o, dicho de otro modo, de activar de manera plena lo que el mismo título sugiere: abrir las ventanas y dejar que la lluvia entre.
En diálogo con esta retórica, Proyecto Parutz —una iniciativa que por años ha centrado sus esfuerzos en los estudios de los sistemas alimentarios y la epistemología maya—, formaliza su práctica en una instalación que dibuja sobre la pared una frase tajante: «Sembrar el agua no es una metáfora, es una acción concreta que produce vida». La provocación incluye también dos árboles en sala que, atrapados en la frialdad del cubo blanco, se presentan en progresivo perecimiento: una muestra de la dificultad institucional en traducir la vida en acto y mediar un proyecto pedagógico y comunitario.

Vista de la exposición Abrir las ventanas y dejar que la lluvia entre. Fotografía por Héctor Olaya. (c) MAC Panamá
En Panamá, al acercarse el fin de año llueve a cántaros. ¿Qué simboliza realmente la imagen de la lluvia en la imaginación utópica? En esta versión del fin del mundo, el agua aporta una imagen compleja: ya sea por su escasez e inaccesibilidad, por las catástrofes climáticas, por su privatización o su disputa. Para algunos, la lluvia provoca un deseo poético de refugiarse o de dejarse empapar; para otros puede presentar la inminencia del desastre y el desborde. ¿Es entonces la lluvia algo que nos une o nos divide? Que no todos veamos y vivamos la lluvia de la misma manera dice mucho del estado actual de la región, del mundo y de la propia exposición.

Intervención de Taller Nepantla como parte de la exposición Abrir las ventanas y dejar que la lluvia entre en el MAC Panamá. Fotografía por Héctor Olaya.(c) MAC Panamá
Recae en el público la responsabilidad de devolvernos al contexto político en el que nos encontramos. Taller Nepantla construyen una barricada que invita a un ejercicio de confrontación. A través de una línea del tiempo orientada hacia el futuro —que se teje activamente con los visitantes por medio de intenciones plasmadas sobre listones—, se imaginan otros horizontes que trascienden la parálisis del colapso y la individualización, desde el cierre definitivo de la mina de cobre en Donoso (Panamá) hasta la esperanza de una Palestina libre. La imaginación utópica es aquí un posicionamiento político que nos permite ensayar una agencia compartida y una solidaridad transnacional que nos invita a ver más allá de nuestras angustias propias.
Centroamérica está de nuevo en la intemperie. Abrir las ventanas y dejar que la lluvia entre nos recuerda que habitamos vulnerabilidades radicalmente distintas. Continuar un discurso regional implica que nos dejemos hundir en las asimetrías históricas, económicas e infraestructurales que determinan quiénes pueden imaginar y enunciar un futuro. En este punto podemos seguir tejiendo un entramado regional que nos invite a confrontarnos y si tenemos la voluntad, a acercanos más.
Abrir las ventanas y dejar que la lluvia entre (10/09/2026 - 28/02/2027)
Juan Canela y Sofia Villena (comisarios)
Colectivos: En una papa (Panamá); congo rais (Panamá); LL Proyectos (Honduras); Memorias Maricas Transfronterizas del Río San Juan (Nicaragua-Costa Rica); Nuestra Colectiva (Panamá); Taller Nepantla (Nicaragua); Reunión (Costa Rica); La Revuelta (Guatemala); Proyecto Parutz (Guatemala); SATISFactory (Costa Rica); Studio Lenca (El Salvador / UK); Wagua Films (Panamá)
Museo de Arte Contemporáneo de Panamá
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