La Casa Encendida es una institución singular en la ciudad de Madrid: en ella convive un programa expositivo con nombres bien consolidados junto con inquietudes que exceden la noción habitual de museo: programas educativos, ecológicos y otra serie de iniciativas orientadas principalmente en los jóvenes y adolescentes de la ciudad. Aunque de un tiempo a esta parte han decaído algunas de sus acciones (como los cursos de español para migrantes), la institución sigue facilitando el acceso a ciertas formas culturales habitualmente restringidas por motivos de clase. En su sede, y con acceso gratuito, han debutado cantantes que años o meses después venderían miles de entradas; y a través de convocatorias como Inéditos han debutado artistas que aún no habían tenido ocasión de exponer su trabajo. Sin embargo, la institución se luce menos cuando tiene que encajar algunas de las exposiciones de diferente extensión, menos acotadas por edad, que tienden a quedar un poco aisladas del programa general y a las que les perjudica la rigidez que acompaña a veces a las artes visuales, aun cuando las obras tengan como objetivo, de algún modo, la activación política o social. Tal es el caso de la propuesta de Bouchra Khalili (Casablanca, Marruecos, 1975), que se presenta estos meses con el título de The Circle Project.
A pesar de los hallazgos y de lo pertinente de su tema, la presentación adolece de cierto galerismo higienizado y despolitizador que ha copado las bienales: cortinas blancas, un audio que en ocasiones se solapa y la ausencia de una propuesta transversal en torno a la muestra agotan el discurso en la sala.
La artista marroquí-francesa es una de las principales representantes de las tendencias del arte multidisciplinar ligadas a los proyectos de investigación y archivo; y ha expuesto en los grandes museos y en los eventos canónicos (MoMA, Palais de Tokyo, Documenta 14, Bienal de Venecia…) y recientemente fue invitada de honor en el Festival d’Automne de París. El proyecto de La Casa Encendida es relativamente humilde en comparación con estas citas, pero representa bien el trabajo de una artista que ya pasó por España en 2023, con una retrospectiva en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA).

Vista de sala de la exposición The Circle Project (c) La Casa Encendida
La exposición que nos ocupa está compuesta por dos videoinstalaciones entre cortinajes (The Circle y The Storytellers, ambas de 2023 y presentadas por primera vez en el MACBA) y un cartel mural de copias de periódicos y fotografías de los años setenta (Timeline for a Constellation, 2023).Las piezas cuentan el nacimiento de una conciencia de clase trabajadora migrante en torno al Movimiento de los Trabajadores Árabes (MTA) a partir del archivo existente de dos compañías de teatro colectivo que militantes del MTA fundaron entre el sur de Francia a finales de los setenta: Al Assifa y Al Halaka. Al Assifa, que significa «La tormenta», fue fundada en París en 1973; Al Halaka, que puede traducirse como «El círculo» o «La asamblea», surgió en Marsella en la misma época. El movimiento creció en sus ambiciones culturales y representativas hasta el punto de que un miembro se presentó, en un gesto de rebeldía que hoy diríamos performativo, a las elecciones presidenciales del año siguiente.
Los vídeos de Khalili combinan los libretos de algunas de las piezas —leídas por miembros de estas compañías— con un relato visual, menos documental, que extiende la pervivencia de estas luchas a los hijos y nietos de estos trabajadores. El mural, por otro lado, narra cronológicamente acciones teatrales, huelgas y protestas, así como la persecución policial racista que sufrieron los miembros del MTA. El proyecto viene de lejos: ya en la Documenta 14 (2017) Khalili trabajó a partir del archivo de Al Assifa y resucitó sus metodologías en el contexto de la desigualdad de Atenas. El resultado fue una película, La sociedad de la tempestad (2017), que se ha mostrado en una de las sesiones con coloquio que acompañan a la exposición.
A pesar de los hallazgos y de lo pertinente de su tema, la presentación adolece de cierto galerismo higienizado y despolitizador que ha copado las bienales: cortinas blancas, un audio que en ocasiones se solapa y la ausencia de una propuesta transversal en torno a la muestra agotan el discurso en la sala y no lo conducen a sus implicaciones contemporáneas en la ciudad o el Estado en que se presenta. En La sociedad de la tempestad sucedía lo contrario: en esa obra, Khalili bebe de lo documental para exceder sus confines y conduce al archivo a una reflexión sobre las posibilidades del asociacionismo cultural cercano ideológicamente a lo brechtiano y al teatro del oprimido. En este sentido, y pese a que el montaje tan limpio no reme a su favor, la obra busca alejarse de una fascinación estéril y melancólica por el poder popular en el que terminan cayendo muchas de las propuestas artísticas que indagan estos asuntos.

Vista de sala de la exposición The Circle Project (c) La Casa Encendida
La Casa Encendida parece ser consciente del peligro de arrinconar estas exposiciones en un gesto estético sin mayor profundidad y, para agruparlas, ha planteado una parte de sus charlas, conversaciones y talleres en torno a un concepto que varía cada año. El de 2025 era «Escuchar», y esta temporada se ha elegido el verbo «Comprender». Aunque los conceptos son algo generales, ayudan a trazar paralelismos: la de Khalili puede relacionarse con una anterior, titulada The Fold [El pliegue], de la artista iraní residente en Melbourne Hoda Afshar sobre las fotografías coloniales que el psiquiatra francés Gaëtan Gatian de Clérambault (1872-1934) tomó en Marruecos a principios del siglo XX sobre el haik, una extensísima prenda de hasta cinco metros de largo que se enrollaba alrededor del cuerpo y lo cubría por completo, dejando a la vista únicamente la frente y los ojos.
Una institución como La Casa Encendida, si bien más limitada en presupuestos que los grandes museos habría tenido, en cambio, la posibilidad de repolitizar la exposición. [...] Si la programación estuviera más anclada en el barrio, la ciudad o el agresivo contexto actual y el verbo «comprender» se concretara, la obra habría logrado superar las estéticas galerísticas en las que cae involuntariamente y de las que podría salir con un compromiso más firme y decididamente más situado.
Es útil pensar los nexos entre el trabajo de ambas artistas de la diáspora y sus modos de explorar los archivos —el de Afshar, colonial; el de Khalili, migrante—, aunque las muestras terminaran cerrándose sobre sí mismas, separadas por meses y huérfanas de un acompañamiento más sólido. Se deja pasar así una oportunidad para reflexionar sobre un contexto español que tiene claros paralelismos con el francés de los años setenta en cuanto al simultáneo racismo antimagrebí y la explotación de los trabajadores migrantes del norte de África. El relato de Khalili no es un fetiche curatorial, sino una ventana que exige comparar espacios y voluntades, que pide una mediación intensa y un ejercicio contemporáneo sobre la relación con la otredad. Si en el caso de Afshar el historicismo de la exposición justificaba un cierto distanciamiento, en la obra de Khalili parece faltar una otra parte que sirva de ligazón con el contexto de organización migrante actual, que existe y que puede tener aquí su reflejo.
Una institución como La Casa Encendida, si bien más limitada en presupuestos que los grandes museos o la Documenta, habría tenido, en cambio, la posibilidad de repolitizar la exposición a través de sus múltiples actividades continuadas, como los talleres de escritura o danza, que son sus grandes logros y que encontrarían aquí una oportunidad. Valga mencionar que su sede linda con el barrio de Lavapiés —una zona con mucha población migrante y asfixiada por el control policial y la gentrificación— y es también vecina de espacios de asociacionismo antirracista (La Parcería) o de teatro reivindicativo (Teatro del Barrio). Podrían haberse ampliado las ambiciones del proyecto sin grandes gastos o eventos multitudinarios: si la programación estuviera más anclada en el barrio, la ciudad o el agresivo contexto actual y el verbo «comprender» se concretara, la obra habría logrado superar las estéticas galerísticas en las que cae involuntariamente y de las que podría salir con un compromiso más firme y decididamente más situado. Los textos del teatro político que se leen en la película son tan bellos como elocuentes en su discurso: «Nosotros los extranjeros, los migrantes, somos los trabajadores. Nos hemos convertido en mercancía»; «La clase obrera no tiene fronteras: actuamos en francés o árabe dependiendo del público». ¿Por qué desaprovechar la oportunidad de repetirlos en voz alta?
The Circle Project (09/09/26 - 29/11/27)
Bouchra Khalili
La Casa Encendida (Madrid)

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